Por Alexandra Arabadzhyan*

Cuba es un país con experiencia y pericia únicas debido a su desarrollo histórico. Después la Revolución de 1959, hecho esencial en el trayecto histórico del país, fue iniciado un proceso de transformaciones, todavía prematuras, pero de gran envergadura y significado para todo el planeta. Estos cambios han sido abarcadores y abrazaron todas las esferas de la vida social incluyendo el ámbito político. Por lo tanto, este parteaguas a la vez sirve de buena referencia y punto de partida para otros países de la región que enfrentan desafíos parecidos, uno de los cuales es la tarea de superar el Estado capitalista dependiente y sus numerosas lacras.

Antes de la victoria de los “barbudos”, Cuba se encontraba en la situación de neocolonialismo, representando un Estado dependiente en el cual el pueblo cubano se hallaba en condiciones de sometimiento a la clase dominante. Esta fue compuesta por una oligarquía nacional que tenía fuertes lazos con el capital extranjero que ejercía influencia decisiva en la formación del modo de producción del país. Desde donde se lo mire, el impacto de estos vínculos de dependencia en muchas ocasiones resultó ser devastador. Derivó, por ejemplo, en la propagación del monocultivo, desequilibrio entre las ramas de producción con sobredimensión de la azucarera y debilidad o inexistencia de las demás, insuficiente nivel de productividad agrícola, elevada dependencia de exportación de azúcar y de importaciones de los bienes que no se producían en el país.

Al mismo tiempo, en lo relativo al campo social, tales impactos se tradujeron en desempleo y precariedad laboral, altos índices de analfabetismo y pobreza, considerable desigualdad económica y social, etc. Asimismo, se notaban las condiciones de vida infrahumanas y bajos niveles de vida de la mayor parte de la población que se veía obligada a vender su fuerza de trabajo (Borodaev, 2009, p. 102–103; Efímov & Anchishkin, 1963, p. 8–12; Figueroa Albelo, 2006, p. 263).

Por lo tanto, la situación en la que se encontraba Cuba en los 1950 se expresaba tanto en la ruptura del ciclo del capital, “la separación de los dos momentos fundamentales del capital – la producción y la circulación de mercancías” (Marini, 1972, p. 17), como en la superexplotación o, en otros términos, explotación redoblada (Osorio, 2007), la oportunidad de pagar la fuerza de trabajo por debajo de su valor. En estas condiciones, el Estado capitalista existente plasmaba los intereses de la clase dominante y representaba un “aparato de coerción”, “un aparato de violencia” (Lenin, 1970, p. 73). En este sentido, la Cuba de aquel entonces podría ser descrita como un elemento frágil del sistema del capitalismo mundial.

Entretanto, merced a la Revolución, que primero abarcó la esfera política, fue desencadenado el proceso de la transformación del modo de producción preexistente. Ante todo, cabría señalar que fueron alteradas de una manera drástica las relaciones de producción, porque las nuevas autoridades iniciaron el proceso de socialización de los medios de producción y así pusieron en marcha eliminación de las bases de explotación. Al mismo tiempo, se establecieron objetivos de desarrollo que presuponían resolver los problemas surgidos debido a la anterior situación de dependencia y de este modo conseguir un nivel más alto del desarrollo de las fuerzas productivas.

Para realizar este proyecto cualitativamente nuevo, es decir, emprendiendo el camino de la edificación del socialismo, urgía reorganizar los cimientos de la sociedad. En lo referente al tema del Estado en particular, el período de la transición socialista revela la transformación sustancial del mismo, que paulatinamente deja de ser una máquina de represión y adquiere nuevas funciones que demuestran que su quid ha sido transformado. Precisamente desde esta óptica consideramos que es importante entender el planteo de la eventual extinción del Estado que forma parte del pensamiento marxista clásico.

Analizando el desarrollo de la sociedad cubana de la segunda mitad del siglo XX, debemos llamar la atención acerca del rol jugado por el sistema de planificación que llegó a ser una palanca primordial aplicada por el gobierno revolucionario. Por un lado, se convirtió en un instrumento gracias al cual se realizaba la ligación de todos los miembros de la sociedad y así sus esfuerzos se unían en aras de alcanzar las metas previstas y liberar al ser humano que iba tornándose en el hombre nuevo (Guevara 2016a, 2016b). Por otro lado, era el Estado socialista el que se encargaba de conducir la planificación, lo que demostraba que su funcionamiento garantizaba la coherencia de la sociedad, pues la convertía en un sistema holístico y de este modo sostenía su cualidad sistémica.

Existen varios hechos relacionados con el desarrollo de las fuerzas productivas del país para retomar el asunto del proceso de planificación en la práctica. Valdría la pena notar, en primer lugar, el éxito en el desarrollo industrial del país. A pesar de que Cuba no llegó a llevar a cabo una industrialización compleja, logró avanzar en relativa diversificación del sector productivo y elevar su peso en la economía. Todavía dependía de exportaciones e importaciones, pero mientras cooperaba con el campo socialista, podía permitírselo.

Tampoco ha de descartarse múltiples avances sociales que hasta hoy en día no dejan de sorprender teniendo en cuenta la situación precaria en la que vivía la población cubana en los 1950. Estos éxitos representan la consecuencia lógica del desarrollo planificado de un país que, pese a disponer de escasos recursos, supo manejarlos de un modo organizado y oportuno, ya que había sido logrado un alto nivel de la cohesión de las acciones de la mayoría de la población. A título ilustrativo, Cuba, percibida como un país en vías de desarrollo, tiene una de las tasas más altas de alfabetización en el mundo, la mayor cantidad de médicos por cada mil personas en el planeta y uno de los menores índices de mortalidad infantil. Lo más vigente en las condiciones de la pandemia del coronavirus es que Cuba realiza sus propios ensayos clínicos de la vacuna contra la enfermedad. En resumen, siendo un país del Tercer mundo, Cuba reta los países del Primer mundo en copiosas ocasiones lo que demuestra el alto desarrollo en aras del desarrollo del ser humano y no del capital, que resulta posible no obstante la carencia de recursos.

A la vez merece especial atención la cuestión de la ayuda de la Unión Soviética y la cooperación entre los Estados socialistas llevada a cabo a través del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME). En el caso de Cuba, que adhirió al proceso de división socialista internacional de trabajo, esta cooperación y solidaridad internacional tenían muchas ventajas, pero luego de la caída del bloque socialista contribuyó en menoscabar el sistema cubano, por extinguir los existentes lazos de colaboración que eran indispensables para la economía de la isla. Empero, a pesar de todo, Cuba logró sobrevivir el así llamado período especial en los tiempos de paz.

Amén de eso, es necesario hacer referencia al sujeto de la vida política a lo largo de la construcción del socialismo: el proletariado, entendido como la parte de la sociedad que antes de que triunfara la Revolución, se encontraba sometida a la necesidad de vender su fuerza de trabajo para sobrevivir al carecer de los medios de producción. Su rol protagónico en la construcción del socialismo comprendía surgimiento de nuevas formas que desencadenaban su real participación en los procesos de dirección de la sociedad, Es importante resaltar aquí el nacimiento de un espectro amplio de organizaciones tanto en la misma esfera de producción, como en el ámbito cotidiano que servían de fundamento para que la población pudiese participar en la toma de decisiones, aunque en muchas ocasiones dicha participación fuera plasmada más bien en hechos concretos o en consultas de carácter deliberativo.

Al mismo tiempo, ha de tomarse en cuenta el papel del Partido que se formó después de la unión de las fuerzas políticas principales del país que habían luchado contra el régimen de Batista. Se forjaba así la organización que sería el organismo en el que se fusionasen el productor y el administrador. Sin embargo, en el proceso de esta fusión surgieron varios desafíos que podrían ser considerados los escollos más sutiles en la edificación del socialismo. Tal vez, la burocratización fuese uno de los principales de ellos. Por contera, otros aspectos neurálgicos eran la ideología y la ética, claves para avanzar hacia la sociedad comunista lo que presupone un derrotero elegido y emprendido conscientemente (Guevara, 2009, 2016c).

Hablando de los hechos más actuales, sería indispensable recalcar las graves secuelas del derrumbe del campo socialista. Después de estos eventos, la isla de la Libertad tuvo que alterar sus planes de desarrollo y métodos de planificación, buscar nuevos socios con los cuales podía colaborar en lugar de sus contrapartes anteriores e insertarse al mercado internacional. A la par continuó enfrentando el endurecimiento del bloqueo estadounidense que se agudizaba. Esta coyuntura sigue afectando negativamente los padrones de planificación y metas del desarrollo del país, así como su camino socialista.

Aún más, en la actualidad Cuba afronta una variedad de desafíos que ponen en peligro su capacidad de planificar. La parte sustancial de estos retos es ilativa de intentos de aplicar medidas mercantiles en el proceso de la “actualización del modelo económico cubano”. El cuestionamiento de estas prácticas no es ajeno a la historia cubana. Valdría recordar el gran debate económico de la primera mitad de los 60, uno de los protagonistas del cual fue Che Guevara (Guevara, 2006; Pericás 2014; Yaffe, 2012). El comandante, proponiendo el Sistema Presupuestario de Financiamiento, rechazaba la compatibilidad del mercado y la planificación. Por consiguiente, el uso de las herramientas mercantiles, desde nuestro punto de vista, choca con la cualidad sistémica del modelo socialista cubano que es la planificación holística de la vida del país, ya que la planificación se socava si se permite la anarquía del mercado.

Refiriéndonos a las causas de esta situación, sobre todo, planteamos la importancia de los factores externos, entre los cuales se destaca no solo la necesidad de insertarse en el mercado mundial en el que rigen las reglas capitalistas, sino también la evolución del proyecto de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América – Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP). Los obstáculos que emergieron en la cooperación llevada a cabo a través de este grupo demostraron que Cuba no puede encontrar socios para cooperación que pudiese sustituir el mecanismo representado por el CAME. También, abordando los asuntos internos, es conveniente abarcar las manifestaciones de la expansión de herramientas mercantiles en Cuba en nuestros días. La introducción y ampliación del cuentapropismo, la cooperación con el capital extranjero, la optimización del sector estatal y otras medidas económicas recientes limitan las capacidades del Estado socialista de ejercer su función organizativa.

En síntesis, todos los factores mencionados socavan los logros del Estado socialista cubano. Empero, suponemos que todavía mantiene su esencia por guardar el sector socializado y el mecanismo de redistribución del producto excedente, lo que garantiza los servicios básicos para toda la población.

* Investigadora del Instituto de Economía Mundial y Relaciones Internacionales Yevgueni Primakov de la Academia de Ciencias de Rusia. aleche28@gmail.com

 

Referencias

Borodaev, V. A. (2009). Istoriya formirovania i razvitiya novoi politicheskoy sistemy na Kube (1953–2009 gg.) [La historia de formación y desarrollo del nuevo sistema político en Cuba (1953–2009)]. Tesis doctoral en ciencia histórica. Moscú.

Efímov, A. N., & Anchishkin A. I. (1963). Kuba planiruiet natsionalnuyu ekonomiku [Cuba planifica la economía nacional]. Moscú: Izdatelstvo ekonomicheskoi literatury.

Figueroa Albelo, V. et al. (2006). La economía política de la construcción del socialismo. Recuperado de: https://www.eumed.net/libros-gratis/2006b/vmfa/

Guevara, E. (2016a). El comunismo es un fenómeno de conciencia. In F. Fernández Buey (Ed.), Escritos revolucionarios (pp. 115–118). Madrid: Los libros de la Catarata.

Guevara, E. (2016b). El socialismo y el hombre en Cuba. In F. Fernández Buey (Ed.), Escritos revolucionarios (pp. 139–158). Madrid: Los libros de la Catarata.

Guevara, E. (2016c). Qué debe ser un joven comunista. In F. Fernández Buey (Ed.), Escritos revolucionarios (pp. 77–93). Madrid: Los libros de la Catarata

Guevara, E. (2009). Sobre la construcción del Partido. In M. C. Ariet García (Comp.), Retos de la transición socialista en Cuba (pp. 116–122). México: Ocean sur.

Guevara, E. (2006). El Gran Debate: sobre la economía en Cuba. Melbourne: Ocean Sur.

Lenin, V. I. (1970). O gosudarstve [Sobre el Estado]. In Lenin V.I. Sobraniye sochineniy [Obras]. T. 39. (pp. 64–84). Moscú: Politizdat.

Marini, R. M. (1972). Dialéctica de la dependencia. Santiago de Chile: Centro de Estudios Socio-económicos.

Osorio, J. (2007). Entre la explotación redoblada y la actualidad de la revolución: América Latina hoy. Argumentos, 20(54), 11–34.

Pericás L. B. (2014). Che Guevara y el debate económico en Cuba. La Habana: Casa de las Américas.

Yaffe, H. (2012). Che Guevara and the Great Debate, Past and Present. Science & Society. Т. 76, 1, 11–40.

 

Como citar este post

ARABADZHYAN, Alexandra. Del Estado capitalista dependiente al Estado socialista en Cuba, Blog ODELA, 2020 [publicado em 21 de agosto de 2020]. Acesso em: https://www.ufrgs.br/odela/2020/08/21/del-estado-capitalista-dependiente-al-estado-socialista-en-cuba/