Un grupo BRICS ampliado con escasa presencia latinoamericana

Un grupo BRICS ampliado con escasa presencia latinoamericana

En la 16ª Cumbre del grupo BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica) en Kazán, Rusia, que contó con la asistencia de 24 países, el bloque siguió su proceso de ampliación. Aparte de los cuatro nuevos miembros Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Etiopía e Irán, también se decidió aceptar como observadores otros 13 estados, entre ellos Bolivia y Cuba. Por el veto de Brasil, cuyo Presidente no participó en la Cumbre por haber sufrido un accidente doméstico, Nicaragua y Venezuela no entrarán como miembros asociados.

Desde la experiencia de la Unión Europea que se combate, desde sus orígenes, entre ampliación y profundización, sabemos que llevar a cabo los dos procesos a la vez no es posible o solo a costa de uno de los dos. Por un lado, un BRICS abierto a nuevos miembros demuestra el gran atractivo y la atracción que ejerce el grupo para los países del Sur Global – un club heterogéneo más ideacional que geográfico que comparte el objetivo de elevar su voz internacional y formar parte de las decisiones globales hasta ahora tomadas por Estados Unidos, Europa y los que pertenecen a Occidente.

Por otra parte, ese poder de atracción que implica aceptar nuevos miembros también diluye el bloque BRICS y complica el proceso de toma de decisión o un voto colectivo ante Naciones Unidas y otros foros internacionales. Asimismo, el principio del grupo, un país un voto, iguala a partir de ahora Etiopía, uno de los países más pobres de África con un PIB muy inferior a los cinco miembros originales, con el resto, sin tener en cuenta las asimetrías existentes. En la medida en que se amplíe el BRICS, que se ha convertido en el núcleo duro del Sur Global, tendrá que reflexionar sobre una reforma de sus procesos de decisión y crear una mínima estructura institucional como un secretariado permanente y/o una Carta Fundacional que le convertiría en una Organización Internacional de contrapeso a las tradicionales entidades multinacionales de la era liberal ahora en crisis.

Menos relevante que la inclusión de los cuatro permanentes es la incorporación de 13 países como observadores. En total, el grupo BRICS se expandió de cuatro a cinco países (al incorporar en 2010 Sudáfrica), en 2022 a 9 miembros y con los asociados integrará a partir de ahora 22 países: 13 países de Asia (3 de Asia Central), 6 de África y 3 de América Latina. Con ello, América Latina queda subrepresentada.

Aparte de Bolivia y Cuba que han sido admitidos como observadores, Nicaragua y Venezuela habían solicitado el mismo estatus. No obstante, Brasil presionó para que ambos países se quedaran fuera del bloque. Ello refleja el claro deterioro de la anterior alianza Brasil-Venezuela en la era de Chávez (1999-2013) que condujo, hace unos años, a la acogida de Venezuela en el Mercado Común del Sur (MERCOSUR) y en la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) a iniciativa de Brasil. El fraude electoral cometido por el gobierno de Nicolás Maduro -que proclamó su victoria en los comicios presidenciales de julio de 2024 sin haber publicado un solo acta electoral- fue percibido como una traición por parte del Gobierno de Lula da Silva que no reconoció el resultado y de hecho rompió sus buenas relaciones con Caracas, en sintonía con el Presidente colombiano, Gustavo Petro. Si el motivo de excluir a Nicaragua y Venezuela del estatus de asociados es su régimen no democrático, cabe preguntarse, por qué Brasil acepta como miembros plenos otras no democracias como Irán, Emiratos Árabes Unidos o Egipto bajo una dictadura militar. Al carecer el bloque de cualquier condicionalidad política y aceptar a Cuba como país asociado, no es lógico y difícil de justificar que Brasil vete el ingreso de Nicaragua y Venezuela. Por el veto de Brasil, América Latina solo queda representada por tres países en un BRICS ampliado con 7 países africanos y 12 asiáticos. Esta subrepresentación de la región señala nuevamente el escaso peso de América Latina en los foros internacionales, incluyendo los emergentes del Sur Global. Cabe esperar si la presidencia de BRICS por parte de Brasil en 2025 cambie este desequilibrio de representación.

Susanne Gratius

Professora de Relações Internacionais da Universidade Autónoma de Madrid

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