Jacques Vonéche – La Contribuicion Constructivista

Autor: Jacques Vonéche

Estudios recientes de epistemología genética

Los diversos estudios psicogenéticos que he efectuado, primero con Bárbel Inhelder y luego con los colaboradores en el Centro de epistemología genética, pueden ser divididos en dos períodos. Durante el primero, estudiamos el desarrollo de las estructuras del pensamiento infantil, noción por noción: la noción de número, de espacio, de azar y probabilidad, etc. Durante el segundo período, nuestro objetivo no fue tanto el examen detallado de estas estructuras cognoscitivas, como el estudio de las características generales del funcionamiento cognoscitivo, para establecer lo que hemos llamado una teoría constructivista del conocimiento y, al mismo tiempo, refutar las teorías empirista e innatista.

La construcción constructivista

El problema esencial de una teoría del conocimiento es cómo se construye el nuevo conocimiento: ¿es, cómo afirma el empirismo, siempre derivado de la realidad que se observa, o está preformado en la mente humana, y por lo tanto es innato? Ya nuestro primer trabajo, creo, demostraba claramente las insuficiencias de ambas teorías, la empirista y la preformista (por ejemplo, J. Piaget y B. Inhelder, I-The gaps in empiricisín”, págs. 118-148, en Koestler y Smythies, 1969). Nuestra obra más reciente, sin embargo, sobre las nociones de posibilidad y necesidad, seguida por la referida a la construcción de una lógica de los significados, brinda argumentos aun más claros a favor de una teoría constructivista y su explicación de la elaboración de nuevos conceptos y operaciones.

Los datos de desarrollo concernientes a la idea de que una situación real siempre es el resultado de muchas situaciones posibles precedentes, y que otras situaciones pudieron haber tomado el lugar de la observada primeramente, es un contraargumento particularmente notable a las teorías empiristas. Para tomar un solo ejemplo: pedimos a niños entre 3 y 11 años de edad que coloquen tres dados en un trozo rectangular de cartón en todas las formas posibles. El niño de 3 años pone los dados en determinada posición, por ejemplo, en tres de las cuatro esquinas y, al preguntársela cómo puede colocarlo en otras formas, negará que sea posible alguna otra posición. Aquí, como en otras experiencias, parece que una vez que el niño ha creado una situación dada, esta situación toma la apariencia de necesidad y que, en su mente, si la situación es lo que es, lo es porque no puede ser de otra manera. Las otras únicas posibilidades consideradas son análogas a la primera situación que crearon: por ejemplo nuevamente ponen el dado en tres esquinas, pero esta vez ocupan la esquina que habían dejado vacía la primera vez. Hacia los 7 años de edad, se han hecho grandes progresos en este problema: los niños son capaces de mostrar cuatro a seis alternativas a su primera elección-, no obstante, habiendo demostrado media docena de posibilidades, declaran que es todo, y que no pueden encontrar otras. A la edad de 9 ó 10 años, se ha hecho mayor progreso, y los niños pueden mostrar algunas posibilidades adicionales; después de su primera ubicación, declaran inmediatamente que éstas son sólo muestras de una cantidad de otras, y si se desea conocerlas a todas se deberá contar hasta diez, veinte, treinta o aun más. A nivel formal, se ha conseguido otro paso hacia adelante: los niños colocan el dado al azar, diciendo que hay un sinfín de posibilidades (las palabras “sinfín” o “infinito” son usadas espontáneamente, sin que el experimentador las incluya en el cuestionario). Claramente, la idea de diferentes posibilidades y su número infinito no es una característica observable de la realidad, y contradice la teoría empirista del conocimiento; al mismo tiempo, la elaboración muy gradual de esta idea va en contra de las teorías innatista o apriorística.

Nuestro trabajo en el desarrollo de una lógica de los significados es, de varias maneras, una continuación del efectuado sobre la lógica de las operaciones. De acuerdo a como se la concibe hoy, esta lógica de las operaciones estaba unida muy estrechamente al modelo tradicional de lógica extensional y a las tablas de verdad. Creo ahora que una mejor forma de capturar el crecimiento natural del pensamiento lógico en el niño es perseguir un tipo de lógica de los significados. La lógica extensional está basada en tablas de verdad y conduce a paradojas inaceptables, por ejemplo, en las consecuencias de los condicionales, donde p implica q cualquiera puede ser la relación entre p y q y sin que haya ningún vínculo entre sus significados. En una lógica de los significado, que satisfaga nuestros propósitos, la noción de implicación necesita ser profundamente modificada y restringida a lo que he llamado implicaciones significativas: implica q si, sólo si, se incorpora un significado de q en el de p y si este significados transitivo (significado de r implicado en q, significado de s implicado en r, etc.) En tal sistema lógico, las implicaciones no están limitadas a aquellas entre expresiones o proposiciones. Dado que las acciones tienen significados, podemos hablar de implicaciones entre acciones y operaciones (estas implicaciones no están relacionadas con los aspectos causases o las realizaciones efectivas de las acciones u operaciones, sino sus significados).

Tales aplicaciones ya se encuentran a nivel sensoriomotor: para el bebé que tira de una manta y así consigue un juguete colocado lejos de su alcance, sobre la manta, “tirar de la manta” implica “traer el juguete más cerca”. A una edad mayor, las implicaciones entre las acciones se convierten en implicaciones entre operaciones; por ejemplo, cuando el niño forma una clase de objetos que tienen alguna propiedad en común, ello implica que excluye objetos que no comparten esta propiedad particular. Omnis deterininatio est negatio, como dijo Spinoza. Tales implicaciones entre acciones u operaciones existen porque un significado nunca está aislado sino siempre insertado en un sistema de significados, con implicaciones recíprocas. los cuatro tipos de entidades lógicas -predicados, conceptos, juicios e inferencias- fueron construidos en ese orden: los conceptos son uniones de predicados, los juicios son relaciones entre conceptos, y las inferencias son combinaciones de juicios. Pero emerge un orden diferente cuando se consideran los tipos de justificación: para justificar un juicio se apela a inferencias (éste es un pino porque tiene agujas, conos, etc.); para justificar un concepto, se apela a los juicios; y para definir un predicado, se comparan varios conceptos. En otras palabras, la justificación sigue un orden inverso al de las construcciones; ello proporciona un buen ejemplo de círculo dialéctico. En forma similar, para las acciones sensoriomotrices podemos decir que las propiedades observables de los objetos corresponden a los predicados; las asimilaciones corresponden a juicios; y la coordinación de esquemas corresponde a inferencias.

En una lógica de los significados, la construcción de extensiones podría estar determinada por los significados y no viceversa. Estas extensiones podrían entonces ser locales y variables no comunes al conjunto de todos los mundos posibles.

Otros conceptos de lógica extensional también tendrán que sufrir modificaciones antes de tomar su lugar en una lógica de los significados. Las negaciones y los conectivos lógicos y y o deben ser reconsiderados. Una negación en una lógica tal siempre estará relacionada con una referencia particular en una red jerárquica de significados: si B = A + no-A, no-A está determinado por B y no es simplemente algo que es no-A. Y puede tener formas diferentes: puede unir dos propiedades que siempre existen juntas (por ejemplo un objeto tiene cierta medida y una cierta forma) o puede unir propiedades que no necesariamente existen conjuntamente (por forma y sonido).

En todos los niveles del desarrollo hay implicaciones entre acciones o significados; luego, hay relaciones dialécticas que conducen al sujeto a ir más allá de lo que ya ha adquirido . Estas construcciones en espiral de naturaleza dialéctica constituyen lo que he considerado durante mucho tiempo la esencia del crecimiento cognoscitivo. El desarrollo no consiste simplemente en equilibraciones nuevas, sino en equilibraciones “maximizadoras” por ejemplo, que conducen a nuevos equilibrios que no siempre se revierten a un estado anterior de equilibrio, pero que involucran enriquecimiento.

Desarrollos recientes en lógica de condicional, como los propuestos por autores como Anderson y Belnap, presentan varias similitudes con mis propuestas para una lógica de los significados: esta convergencia realmente nos brinda aliento para nuestros proyectos. Me parece que una lógica de los significados, de la que se han bosquejado líneas generales en esta introducción, sería una versión decantada de nuestra anterior lógica de operaciones y espero que proveerá una vía mejor para la construcción de nuevo conocimiento.

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