

No dia 02 de junho de 2025, realizei uma fala para estudantes de Doutorado e Mestrado em Ciências Sociais, no evento “Experiencias de Investigación”, organizado pelos Programas de Doutorado e Pós-Doutorado em Ciências Sociais da Faculdade de Ciências Sociais (FSOC) da Universidade de Buenos Aires (UBA), na capital federal da Argentina. O objetivo do evento – que é aberto, gratuito e realizado mensalmente na sede da FSOC em Marcelo T. de Alvear 2230, na cidade de Buenos Aires – é o compartilhamento de experiências entre pesquisadores e demais pessoas interessadas, como foco em questões metodológicas, no dia-a-dia do trabalho acadêmico, nos desafios enfrentados e nas possibilidades concretas vividas pelas pessoas que se aventuram nos corredores da universidade e para além dela. A fala realizada, então, serviu como início de uma conversa mais horizontal e informal entre os participantes. Nesse dia, o evento contou igualmente com uma fala da Profa. Dra. Ludmila Schneider (FSOC-UBA), também pós-doutoranda, e mediação do Prof. Dr. Ernesto Meccia, da Comissão de Pós-Doutorado da FSOC.
Apresento, abaixo, duas versões da minha fala: primeiro, o texto em espanhol (que foi apresentado no evento), e logo depois, o texto em português.
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Buenas tardes a todes. Me gustaría agradecer a todes por estar aquí y por la oportunidad de hablar con ustedes sobre investigación académica y todas esas cosas que están presentes en nuestro día a día como investigadores, profesores y creadores. En primer lugar, me gustaría disculparme por no hablar muy bien español: soy de Brasil, de Curitiba, en el sur del país. Soy profesor en la Universidad Federal de Rio Grande do Sul, en Porto Alegre, hace casi 8 años, y estoy en Argentina hace 3 meses para hacer un postdoctorado en la Universidad de Buenos Aires. También quiero advertirles que puede haber una distancia entre mis experiencias académicas y el área específica de las Ciencias Sociales: soy de las artes, soy creador, docente e investigador de teatro, y mi investigación está estrechamente vinculada a la práctica artística, mi propia práctica artística y la de otras personas. Mis intereses se centran principalmente en la dirección teatral, la crítica teatral, la performance, el cabaret y, actualmente, el burlesque.
En el marco de mi investigación postdoctoral en Ciencias Sociales, estoy investigando las similitudes y diferencias entre el burlesque en Buenos Aires, Porto Alegre y Berlín – tres ciudades con conexiones históricas, geopolíticas y de tránsito artístico – y sus implicaciones estéticas, sociales y políticas. A partir de una observación panorámica y de la elección de algunos artistas específicos en cada ciudad, pretendo discutir, además de las características y formas de hacer artístico, las cuestiones de género y las relaciones micropolíticas que el burlesque puede establecer con la sociedad en la que se integra.
En mi doctorado estudié a los artistas del cover. Aquí está un resumen posible: Desde la perspectiva del teatro, del arte de la performance y de la filosofía pop, la investigación se centra en los artistas cover: aquellos artistas que imitan / copian / se parecen intencionalmente a otros artistas. Una imitación llevada a las últimas consecuencias y que provoca un corto circuito – de identidad, autenticidad, originalidad, presencia – em quienes lo hacen y en quienes son testigos. A partir de la observación de artistas cover profesionales, se destacan cuestiones como la originalidad, copia, autoría, mimesis, simulacro, kitsch, impostura, profanación, fracaso y cultura pop. También se analizan artistas contemporáneos brasileños que utilizan conceptos y procedimientos del cover para proponer sus obras: el cantante y compositor Erasmo Carlos con la canción Cover; la coreografa Maíra Spanghero con la obra Dança Cover y otros re-enactments; la actriz y dramaturga Lucília de Assis y el músico y artista visual Alexandre Dacosta, con el dúo musical Claymara Borges y Heurico Fidelis; y la performance Jesus 3:30 pm, del coreógrafo y performer Ricardo Alvarenga, dentre otros.
Para preparar esta charla, Daniela Nahmad, de la secretaría del Programa de Posdoctorado, muy amablemente me envió algunos puntos disparadores a modo de sugerencias. Me parecieron geniales, así que intentaré comentar brevemente algunas de estas cuestiones.
1) La construcción del objeto de estudio y del problema de investigación.
En mi caso, como mi actividad principal es la de profesor de materias prácticas de creación escénica, mi objeto de estudio está casi siempre vinculado a una práctica artística concreta. Y como mi subárea es la dirección teatral y también la performance, es con este enfoque que miro mis objetos de estudio. Y aquí es importante decir que, normalmente, no hay una distinción muy clara y fija entre objeto y sujeto de estudio: con frecuencia, mi objeto es algo que hago yo mismo (yo u otros artistas que hacen cosas parecidas a lo que hago). Así que aquí, sujeto y objeto son a veces coincidentes y a veces intercambiables. Se trata de una investigación poética, de ser, pensar y hacer, desarrollada muchas veces en primera persona (del singular y del plural).
Me interesa investigar procedimientos, metodologías de creación, estrategias de financiamiento, formatos, contenidos, contextos e implicaciones que puedan desarrollar y mejorar mi propio trabajo artístico y como docente, en sus múltiples aspectos, siempre en relación con el mundo de las artes y también con la sociedad. Sin embargo, esto no significa que sólo mire y hable de lo que hago o he hecho. A veces lo hago como un proceso de autorreflexión y autocrítica: ya he publicado artículos en los que describo y analizo procesos creativos y trabajos míos y de mis compañeros. Pero no siempre es así.
Tanto en mi maestría (donde investigué el uso de la ironía y el metalenguaje en la puesta en escena teatral, a partir de cuatro espectáculos presentados en Curitiba) como en mi doctorado (investigando los covers y su despliegue conceptual en el arte contemporáneo) y ahora en mi posdoctorado (con el burlesque y el cabaret), investigo a otras personas, obras y contextos que tienen características y elementos que conectan, de alguna manera, con mis intereses “personales”, pero que también me permiten una cierta “distancia crítica”. Así, por un lado, puedo ampliar la mirada y el debate analizando agentes cercanos pero que no son iguales a mí, aportando diferentes perspectivas, diferentes diálogos, exigiendo diferentes reflexiones y conclusiones, generando resultados que pueden ser útiles para las artes escénicas y otros ámbitos. Por otro lado, a partir de los resultados de esta investigación cualitativa en territorios en los que tengo un interés previo, vuelvo e intento desarrollar y madurar mi propio trabajo como artista y docente.
Como se trata de una investigación en arte, hay un criterio muy importante: la pasión. Un dramaturgo brasileño, tan famoso como polémico, llamado Nelson Rodrigues, solía decir: “Sem paixão, não se chupa nem um Chicabon!” Traducindo, algo como: “¡Sin pasión, no se puede chupar ni un Frigorito (un helado de palito)!”. Entonces: hay que enamorarse del objeto de estudio. O mejor: tienes que identificar, observar y analizar tu propia pasión, tus propios afectos, intereses e intuiciones. Y cuando digo pasión, no estoy defendiendo una postura individualista o alienada. Una pasión puede ser colectiva, comunitaria, puede formar parte de una lucha más grande, de un proyecto revolucionario. O no. Bien, a partir de esta observación y análisis preliminar, necesitamos identificar y comprender lo que compone esta pasión, en términos más delineables, con más contorno. Y luego seleccionar algunos de los componentes de esta pasión, ya delineados, y convertirlos en objetos de investigación.
Pero también hay algo muy importante: siempre hay que estar alerta y asegurarse de que el rigor, la objetividad y las exigencias formales académicas no asfixien o hagan imposible la pasión. Porque, desde la perspectiva que propongo, la pasión es productora de vida. Y, como dice el músico brasileño Gilberto Gil, “o que a gente quer é viver!” o “¡lo que queremos es vivir!”.
El problema de investigación surge, por lo tanto, de la movilización, expansión y profundización crítica y analítica de la pasión, transformada en objeto de estudio. Significa mirar el objeto de estudio y hacerse preguntas sobre él y para él. Formular un problema de investigación significa cuestionar, tensar, frotar, provocar el objeto de estudio. Es, en cierto modo, dudar de la propia pasión. Es indagar en las lagunas, los puntos oscuros, las contradicciones, las posibilidades y promesas del objeto. Es preguntarle al objeto qué tiene para decir. Es intentar escuchar lo que el objeto tiene para decir y ponerlo en contexto. Y luego preguntarse: “¿Y ahora qué hago con esto?”. Se trata de entender el contexto no sólo del objeto, sino también de la propia investigación, del propio investigador y de la comunidad de la que forma parte (o de la que quiere formar parte). Ponerse en contexto con el objeto y hacerse preguntas. Creo que eso es más o menos todo.
2) ¿Qué pasa si todavía no tengo hipótesis? ¿Cómo construyo una hipótesis?
Me gusta entender una hipótesis como una apuesta, una intuición, una corazonada. Como un disparador para la acción y la reflexión. Como una brújula, que te indica y recuerda dónde está el norte, pero que no garantiza por sí misma el éxito del viaje. No acostumbro a aferrarme a una hipótesis con la intención de probarla o refutarla al final de la investigación. Aunque esta prueba o refutación pueda producirse, no me comprometo a ello. La veo más bien como una pregunta o una afirmación (o un conjunto de preguntas y afirmaciones) que pone en movimiento al investigador y la investigación, cualificando su relación con el objeto. A veces incluso me permito olvidarla o abandonarla a mitad de camino, dependiendo de la dirección que tome la investigación a lo largo de los meses y los años.
La hipótesis también puede contener, en cierto modo, las expectativas que yo, como investigador, tengo del objeto y de la investigación. Yo espero que el objeto me dé algo o me diga algo, espero que produzca algo o que tenga una determinada característica o un efecto específico. Aunque esta expectativa no sea explícita, está ahí en el fondo, secreta, como cualquier apuesta. Uno de los retos de la investigación es no negar y, al mismo tiempo, no dejarse influir demasiado por las expectativas ocultas en la hipótesis, para no correr el riesgo de que el investigador conteste él mismo a las preguntas planteadas al objeto. Para no correr el riesgo de influir (de mala manera) en el progreso y el resultado de la investigación.
Muchas veces, la hipótesis surge de una maduración de las preguntas iniciales planteadas al objeto de investigación. En este sentido, la hipótesis es una pregunta formulada de tal manera que proporciona tanto la información básica para el trabajo de investigación, las pistas que se observarán con más detalle, como también los puntos abiertos, los enigmas que se resolverán (o no) en el transcurso del trabajo. Otras veces, la hipótesis puede surgir de una circunstancia externa, de una exigencia que el investigador debe cumplir por las razones que sean. Lo importante, en ambos casos, es que la hipótesis sea un factor de movimiento, de búsqueda y de creación.
Así que, si todavía no tengo una hipótesis, suelo proceder de dos maneras: 1) continúo el proceso de hacer preguntas y provocar al objeto de investigación, afinando la mirada, recogiendo datos y escuchando lo que tiene por decir, hasta que me dice algo que parece más prometedor; 2) si el trabajo se estanca, escucho a mi intuición e invento una hipótesis, por artificial y provisoria que sea, sólo para poder empezar de alguna parte y ponerme en marcha, y no seguir estancado en el eterno principio del proceso. Pido disculpas por mi sinceridad: quizá a la institución no le guste lo que acabo de decir…
3) Las técnicas de recolección de datos, el uso de las fuentes y referencias.
A la hora de elegir las fuentes, especialmente las referencias bibliográficas, hay que ser a la vez criterioso y generoso. Criterioso para conocer y explicar el origen de la referencia, contextualizarla y saber cómo utilizarla. Y generoso para darse cuenta de que, en 2025, la producción de conocimiento y pensamiento documentados está en todas partes. Según el tema de estudio, no hay muchas publicaciones científicas oficiales, artículos o libros. En ese caso, es necesario abrirse a fuentes más heterogéneas, como, por ejemplo, entrevistas, textos, vídeos y audios publicados en Internet, ya sea en sitios web, plataformas diversas o redes sociales. Existe una inmensa producción y publicación de contenidos relevantes fuera del circuito académico-institucional, que no debe ser ignorada por la investigación.
En los últimos años, también he intentado construir un marco teórico desde perspectivas más plurales y representativas. Por ejemplo, ya no me gusta el marco teórico de mi tesis doctoral. Está compuesto básicamente por hombres cis blancos de mediana edad (probablemente heterosexuales), con un enfoque eurocéntrico. En el mundo contemporáneo, creo que eso no es suficiente para abordar un tema de forma satisfactoria. Tiene que haber una apertura, un esfuerzo para garantizar que las perspectivas teóricas de las personas históricamente silenciadas también sean escuchadas y validadas dentro de la investigación académica, como las mujeres, las personas negras, las personas LGBTQIAPN+, los pueblos indígenas, los conocimientos periféricos y no institucionales.
Y en relación con el uso de referencias, académicas o no, lo que propongo es siempre un diálogo. Es llamar a otros autores (sean quienes sean) a hablar, de igual a igual. Con respeto y rigor, pero sin subordinación obligatoria. Es hacer entrar otras voces en el texto, componer una polifonía, orquestar un canto, un coro (o tal vez una danza) en el que aparezcan todas esas voces (y tal vez esos cuerpos) y, sobre todo, mi propia voz como investigador. Se trata de leer y absorber las teorías desarrolladas por otros autores, pero también de permitirse crear y desarrollar su propia teoría. Me refiero aquí a la propuesta de la autora estadounidense bell hooks, que ve la producción de teoría como una práctica liberadora, como una forma de sistematizar y compartir la propia experiencia en favor de una comprensión crítica de la realidad, con vistas a desarrollar la autonomía y la acción social.
Bien. Para la recolección de datos, me gusta mucho realizar entrevistas, ya sea con las personas específicas que estoy investigando o con otras personas que puedan aportar nueva información y perspectivas sobre el tema. Siempre que es posible, me gusta realizar entrevistas largas y semiestructuradas en las que el entrevistado pueda hablar con mayor libertad. Una vez realizada la entrevista, transcribo, contextualizo, analizo y selecciono los fragmentos más relevantes y los traigo al concierto/danza de las fuentes. Evidentemente, éste no es el único método. También recolecto datos de archivos, bibliotecas, plataformas mediáticas, asisto a eventos y funciones, etc. Ocasionalmente, participo en ensayos y procesos creativos, trabajando como asistente u observador en los ambientes que quiero estudiar.
4) Dificultades en el proceso de escritura de la tesis y de qué manera se pueden superar.
¿Cuáles son las dificultades? Todas! Dificultades dentro de la propia investigación, de análisis del objeto, de acceso y manejo de fuentes y referencias; pero también dificultades “externas”, como las económicas y de financiamiento, las institucionales, las del contexto histórico-social y las de la vida familiar y personal. Al fin y al cabo, el mundo no se detiene ni espera para que escribamos en paz.
En mi caso, en la etapa final de la escritura de mi tesis, tuve que conciliar la falta de dinero (el fin de mi beca me obligó a trabajar de mesero en un bar todas las noches) con el cuidado diario de mi madre, que tiene una enfermedad degenerativa y usa silla de ruedas, y también con el complejo y explosivo contexto político que vivía Brasil a mediados de 2016. Mientras yo necesitaba concentrarme y pasar horas trabajando en casa o en una biblioteca, las calles hervían con manifestaciones a favor y en contra del golpe parlamentario que sufrió la presidenta Dilma Rousseff, destituida vergonzosamente por el Congreso Nacional en agosto de ese año. ¿Cómo concentrarse y escribir académicamente sobre artistas cover y performance mientras el país atraviesa uno de sus momentos políticos más dramáticos y transformadores en décadas? Recordando que vivía en Curitiba, una de las capitales más conservadoras y de derecha del país, escenario de intensas disputas y represiones políticas y judiciales.
Sí, escribir es difícil. La escritura académica es una tarea exigente, lenta y, la mayor parte de las veces, solitaria. Y es difícil estar solo. Los pensamientos y las palabras que antes parecían tan vivos ahora parecen revolverse y huir de la mente y el papel, las palabras parecen resistirse a la fijeza de la escritura y la publicación de escritos. A esto se suma el poder paralizante que las expectativas excesivas (institucionales, profesionales, sociales, personales, familiares) pueden ejercer sobre quienes se ven obligados a escribir.
¿Y cómo se supera todo esto? En general, no lo sé. Pero sospecho que hay tres palabras importantes en este proceso: contexto, disciplina y pasión. Contexto en el sentido de que es necesario comprender y adaptarse al contexto general y particular en el que se está escribiendo (en qué lugar, en qué momento, en qué circunstancias, con qué recursos, con qué redes de apoyo, con qué posibilidades e imposibilidades). Disciplina en el sentido de que es importante establecer y, sobre todo, cumplir una rutina de trabajo realista, teniendo en cuenta el contexto pero sin sucumbir a él. Escribir es un ejercicio y, como cualquier ejercicio (como el ejercicio físico, por ejemplo), requiere concentración, constancia, persistencia y coraje. Y pasión – de nuevo, la pasión – en el sentido de que hay que enamorarse o re-enamorarse del objeto de estudio, de la tarea, del trabajo. Y también enamorarse de las palabras. Escribir es estar rodeado de palabras, decidir qué palabras utilizar, componer una frase y un párrafo con palabras, igual que un músico compone con sonidos, como un actor compone con su cuerpo y su voz, como un pintor compone con colores y superficies. Un texto es como una escultura, es plástico y maleable. Y si escribir requiere que pasemos tanto tiempo en compañía del objeto de estudio y de las palabras que lo rodean, entonces la pasión es un combustible precioso para que podamos maximizar y experimentar este tiempo de una manera más eficaz y placentera.
Escribir tiene sus misterios. Siempre hay algo que se escapa. Así que hay que aceptar los misterios de la palabra y bailar con ellos. Me gusta decir a mis alumnos que escribir, crear y escribir teoría es como encantar palabras. Encantar en el sentido de encantamiento, como lo presentan los historiadores brasileños Luiz Rufino y Luiz Antonio Simas. Como el encantador de serpientes que monta un baile y un concurso casi mágico con la serpiente que puede atacarle y matarle, y lo muestra a su público. Pero aquí no hay magia: hay conocimiento, técnica, complicidad, compromiso y pasión. Existe el encantamiento de los cuerpos, las acciones y las relaciones vitales entre ellos. Las palabras, los datos y los conceptos son nuestras serpientes. Así que debemos encantarlas y compartirlas con nuestros lectores e interlocutores.
5) ¿Qué hacer después del Doctorado?
En mi caso, tuve la suerte de ser contratado como profesor temporario (durante un año) por la universidad y el curso donde hice mi licenciatura, la Universidad Estatal de Paraná. Poco después, aprobé los exámenes para convertirme en profesor permanente de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul, donde estoy actualmente. Allí, retomé y reconfiguré mi investigación de acuerdo con las exigencias y posibilidades de esa institución. Tres años después de terminar el doctorado, en 2019, convertí mi tesis en libro, pedí un préstamo en el banco y financié su publicación en una editorial académica independiente. También he publicado artículos con extractos de la tesis en revistas científicas de Brasil, México, Francia y Argentina (en la revista Territorio Teatral de la UNA).
En otras palabras, después del doctorado viene la vida real. Esto puede significar dar clases (en la universidad o la secundaria) o trabajar en otro campo que pague mejores sueldos. Puede significar continuar y profundizar en los temas de la misma investigación, o abrirse a nuevos horizontes e iniciar nuevas investigaciones. Lo fundamental es no quedarse quieto, esperando a que ocurra algo. Porque el mundo no se detiene y no espera. Lo fundamental, por tanto, es seguir apasionado por el mundo, la naturaleza, la sociedad, las personas, el arte y la vida. Al final, lo que queremos es vivir.
Muchas gracias!
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Boa tarde a todes! Eu quero agradecer muito a presença de todes, e a oportunidade de estar aqui e poder conversar com vocês sobre pesquisa acadêmica e sobre todas essas coisas que estão presentes no nosso dia a dia como pesquisadores, professores, criadores. Antes de mais nada, quero pedir desculpas por não falar muito bem em espanhol: sou do Brasil, de Curitiba, no sul do país. Sou professor na Universidade Federal do Rio Grande do Sul, em Porto Alegre, há quase 8 anos, e estou na Argentina há 3 meses, para fazer um pós-doutorado na Universidad de Buenos Aires. Também quero advertir que pode haver uma eventual distância entre as minhas experiências acadêmicas em relação à área específica das Ciências Sociais: eu sou das artes, sou um criador, professor e pesquisador de teatro, e minhas pesquisas se vinculam muito ao fazer artístico, ao meu próprio fazer artístico e ao fazer de outras pessoas. Meus interesses passam, principalmente, pela direção teatral, pela crítica de teatro, pela performance art, pelo cabaré e, atualmente, pelo burlesco.
No Pós-doutorado em Ciências Sociais, eu estou investigando as similaridades e diferenças entre o burlesco feito em Buenos Aires, em Porto Alegre e em Berlim – três cidades que tem conexões históricas, geopolíticas e de trânsito artístico –, e suas implicações estéticas, sociais, políticas. A partir de uma observação panorâmica e da escolha de alguns artistas específicos em cada cidade, pretendo discutir, além das características e modos de fazer artístico, questões de gênero e as relações micropolíticas que o burlesco pode estabelecer com a sociedade onde está inserido.
Já no meu doutorado, eu estudei os artistas cover. Eis um resumo: Sob a ótica do teatro, da arte da performance e da filosofia pop, a pesquisa se debruça sobre os artistas cover – aqueles artistas que imitam/copiam/se parecem intencionalmente com outros artistas. Uma imitação, um duplo levado às últimas consequências e que causa um curto-circuito – de identidade, de autenticidade, de originalidade, de presença – em quem faz e em quem testemunha. A partir da observação de artistas cover profissionais, são destacadas questões como originalidade, cópia, autoria, mímesis, simulacro, kitsch, impostura, profanação, fracasso e cultura pop. Também são analisados artistas contemporâneos brasileiros que utilizam conceitos e procedimentos do cover para propor suas obras: o cantor e compositor Erasmo Carlos com a canção Cover; a coreógrafa Maíra Spanghero com o projeto Dança Cover e outros re-enactments; a atriz e dramaturga Lucília de Assis e o músico e artista plástico Alexandre Dacosta, com a dupla musical Claymara Borges & Heurico Fidelis; e a performance Jesus 3:30 pm, do coreógrafo e performer Ricardo Alvarenga, dentre outros.
Para a preparação desta fala, a Daniela Nahmad, da secretaria do Programa de Pós-Doutorado, muito amavelmente me enviou alguns eixos disparadores, com sugestão. Eu achei que eles são ótimos, então vou tentar comentar brevemente algumas dessas perguntas.
1) A construção do objeto de estudo e do problema de pesquisa.
No meu caso, como minha principal atuação é como professor de disciplinas práticas de criação cênica, meu objeto de estudo está quase sempre vinculado a alguma prática artística em especial. E, como minha sub-área é a direção teatral e também a performance, é com esse foco que olho os meus objetos de estudo. E aqui é importante dizer que, normalmente, não há uma distinção muito clara e fixa entre objeto e sujeito de estudo: muitas vezes, meu objeto é algo que eu mesmo faço (eu ou outros artistas que fazem coisas parecidas com as que eu faço). Então, sujeito e objeto são aqui, ora coincidentes, ora intercambiáveis. Trata-se de uma pesquisa poética, do ser, do pensar e do fazer, desenvolvida muitas vezes em primeira pessoa (do singular e do plural).
Me interessa pesquisar procedimentos, metodologias de criação, estratégicas de financiamento, formatos, conteúdos, contextos e implicações que possam desenvolver e melhorar meu próprio trabalho artístico (como diretor e performer) e como docente, em seus múltiplos aspectos, sempre em relação com o universo das artes e também com a sociedade. No entanto, isso não quer dizer que eu olho e falo apenas sobre o que eu faço ou que fiz. Às vezes eu faço isso, como processo de auto-reflexão, de auto-crítica: já publiquei alguns artigos nos quais descrevo a analiso processos de criação e obras realizadas por mim e meus parceiros. Mas não é sempre que isso acontece.
Tanto no meu mestrado (no qual pesquisei a utilização da ironia e da metalinguagem na encenação teatral, a partir de 4 espetáculos apresentados em Curitiba), quando no meu doutorado (na pesquisa sobre os covers e seu desdobramento conceitual na arte contemporânea) e, agora, no meu pós-doutorado (com o burlesco e o cabaré), eu investigo outras pessoas, obras e contextos que tem características e elementos que se conectam, de alguma forma, com meus interesses “pessoais”, mas que também me permitem uma certa “distância crítica”. Assim, por um lado, eu consigo ampliar o olhar e o debate, a partir da análise de agentes que são próximos a mim, mas que não se confundem comigo, aportando diferentes perspectivas, diferentes diálogos, demandando diferentes reflexões e conclusões, gerando resultados (parciais ou finais) que podem ser úteis para a área das artes cênicas e também para outras áreas. E, por outro lado, a partir dos resultados dessa incursão qualitativa por territórios pelos quais eu nutro um interesse prévio, eu retorno e busco incrementar, desenvolver e amadurecer o meu próprio trabalho como artista e professor.
Como se trata de uma pesquisa em arte, um critério é muito importante: a paixão. Um dramaturgo brasileiro, tão famoso quanto polêmico, chamado Nelson Rodrigues, dizia: “Sem paixão, não se chupa nem um Chicabon!”. Pois então: há que se apaixonar pelo objeto de estudo. Ou melhor: há que se identificar, observar e analisar a própria paixão, os próprios afetos, interesses e intuições. E quando eu falo em paixão, não estou defendendo uma postura individualista ou alienada. Uma paixão pode ser coletiva, pode ser comunitária, pode fazer parte de uma luta maior, de um projeto de revolução. Ou não. Bem, a partir dessa observação e dessa análise prévia, há que se identificar e entender o que compõe essa paixão, em termos mais delineáveis, com mais contorno. E, então, selecionar alguns componentes dessa paixão, já devidamente contornados, e transformá-los em objetos de pesquisa.
Mas uma coisa é também muito importante: é necessário estar sempre atento e cuidar, com todas as forças, para que o rigor, a objetividade e as exigências formais acadêmicas não sufoquem e não inviabilizem a paixão. Porque, nessa perspectiva que proponho, a paixão é produtora de vida. E, como diz o músico brasileiro Gilberto Gil, “o que a gente quer é viver!”.
O problema de pesquisa emerge, portanto, da mobilização, da ampliação e do aprofundamento crítico e analítico da paixão, transformada em objeto de estudo. É olhar para o objeto de estudo e fazer perguntas, sobre ele e para ele. Formular um problema de pesquisa é questionar, tensionar, friccionar, provocar o objeto de estudo. É, de certa forma, duvidar da própria paixão. É vasculhar as frestas, os pontos obscuros, as contradições, as possibilidades e as promessas do objeto. É perguntar ao objeto o que ele tem a dizer. É tentar ouvir o que o objeto tem a dizer, e colocar o que ele diz em contexto. E então se perguntar: “e agora, o que eu faço com isso?”. É entender o contexto não só do objeto, mas também da própria pesquisa, do próprio pesquisador e da comunidade do qual faz parte (ou da qual quer fazer parte). Colocar-se em contexto, junto com o objeto, e fazer perguntas. Acho que é mais ou menos isso.
2) O que acontece se ainda não tenho uma hipótese? Como eu construo uma hipótese?
Eu gosto de entender a hipótese como uma aposta, uma intuição, um palpite. Como um disparador de ação e reflexão. Como uma bússola, que indica e lembra onde está o norte, mas que não garante o sucesso do caminho por si só. Normalmente, eu não me apego a uma hipótese com o intuito de comprová-la ou refutá-la, ao final da pesquisa. Embora essa comprovação ou refutação possa acontecer, eu não tenho esse compromisso com ela. Vejo-a mais como uma pergunta ou uma afirmação (ou um conjunto de perguntas e afirmações) que coloca o pesquisador e a pesquisa em movimento, qualificando sua relação com o objeto. Às vezes, inclusive, eu me permito esquecê-la ou abandoná-la no meio do caminho, de acordo com os rumos que a pesquisa tomar, ao longo dos meses e dos anos.
A hipótese também pode carregar, de certa forma, as expectativas que eu, como pesquisador, tenho em relação ao objeto e à pesquisa. Eu espero que o objeto me dê ou me fale algo, eu espero que ele produza algo ou que tenha uma determinada característica ou um efeito específico. Mesmo que essa expectativa não seja explícita, ela está ali em segundo plano, secreta, como em toda aposta. Um dos desafios da pesquisa, então, é não negar e, ao mesmo tempo, não se deixar influenciar demais pelas expectativas escondidas na hipótese, para não correr o risco do pesquisador responder ele mesmo as perguntas feitas ao objeto. Para não correr o risco de influenciar (no mau sentido) o andamento e o resultado da pesquisa.
Muitas vezes, portanto, a hipótese surge de uma maturação daquelas perguntas iniciais feitas ao objeto de pesquisa. Nesse sentido, a hipótese é uma pergunta formulada de tal forma que ela fornece, ao mesmo tempo, as informações básicas do trabalho investigativo, as pistas que serão observadas mais detalhadamente, e também, os pontos em aberto, os enigmas que serão solucionados (ou não) ao longo do trabalho. Outras vezes, a hipótese pode surgir de uma circunstância externa, de uma demanda que o pesquisador tem que dar conta, por inúmeros motivos. O importante, em ambos os casos, é que a hipótese seja fator de movimento, de busca e criação.
Sendo assim, se eu ainda não tenho uma hipótese, eu costumo proceder de duas formas: 1) continuo o processo de fazer perguntas e provocações ao objeto de pesquisa, afinando o olhar, coletando dados e ouvindo o que ele tem a dizer, até que ele me diga algo que me pareça mais promissor; 2) em caso de paralisia do trabalho, eu ouço minha intuição e invento uma hipótese, por mais artificial e provisória que seja, só para que eu possa partir de algum lugar e me movimentar, e não ficar mais patinando no eterno início do processo. Peço desculpas pela sinceridade: talvez a instituição não goste muito do que acabei de falar…
3) As técnicas de coleta de dados e o uso de fontes e referências bibliográficas.
Sobre a escolha das fontes, em especial das referências bibliográficas, é preciso ser, ao mesmo tempo, criterioso e generoso. Criterioso para conhecer e explicitar a procedência da fonte, contextualizá-la e saber como usá-la. E generoso para entender que, em 2025, a produção de conhecimento e pensamento documentado está por toda parte. Muitas vezes, dependendo do objeto de estudo, não existem muitas publicações científicas, artigos ou livros oficiais. Nesse caso, é necessário abrir-se a fontes mais heterogêneas, incluindo, por exemplo, entrevistas, textos, vídeos e áudios publicados na internet, seja em sites, plataformas diversas e redes sociais. Há uma imensa produção e publicação de conteúdo relevante fora do circuito acadêmico-institucional, e que não deve ser ignorada pela pesquisa.
Nos últimos anos, também me preocupo em construir um marco teórico a partir de perspectivas mais plurais e representativas. Por exemplo, já não gosto mais do referencial teórico da minha tese de doutorado. Ele é composto basicamente por homens brancos de meia idade (provavelmente heterossexuais), com viés eurocêntrico. No mundo contemporâneo, isso não me parece mais suficiente para abordar um tema de forma satisfatória. É preciso uma abertura, um esforço para que perspectivas teóricas de pessoas historicamente silenciadas também sejam ouvidas e validadas dentro da pesquisa acadêmica, como mulheres, pessoas negras, pessoas LGBTQIAPN+, povos originários, saberes periféricos e não institucionais.
E, sobre o uso das fontes, acadêmicas ou não, o que proponho é sempre um diálogo. É chamar os outros autores (seja eles quem forem) para conversar, de igual para igual. Com respeito e rigor, mas sem subordinação compulsória. É trazer outras vozes para o texto, compondo uma polifonia, orquestrando uma música, um coral (ou talvez uma dança) onde apareçam todas essas vozes (e talvez esses corpos) e, sobretudo, a minha própria voz de pesquisador. É ler e absorver as teorias desenvolvidas por outros autores, mas também permitir-se criar e desenvolver a própria teoria. Aqui, eu faço menção à proposta da autora estadunidense bell hooks, que vê a produção de teoria como uma prática libertadora, como forma de sistematizar e compartilhar a própria experiência, em prol de uma compreensão crítica da realidade, visando o desenvolvimento da autonomia e da ação social.
Bem. Para a coleta de dados, gosto muito de realizar entrevistas, seja com as pessoas específicas que estou pesquisando, seja com outras pessoas que possam agregar novas informações e perspectivas sobre o tema. Sempre que possível, gosto de fazer entrevistas longas e semi-estruturadas, nas quais o entrevistado pode falar mais livremente. Após a realização da entrevista, faço a transcrição, contextualização, análise e seleção dos trechos mais relevantes, e trago-os para o concerto/dança das fontes. Obviamente, esse não é o único método. Também realizo coleta de dados em arquivos, bibliotecas, plataformas de mídia, assisto eventos e apresentações, etc. Eventualmente, participo de ensaios e processos de criação, trabalho como assistente ou observador nos ambientes que quero estudar.
4) Dificuldades no processo de escritura da tese e de que maneira elas podem ser superadas.
Quais são as dificuldades? Todas! Dificuldades internas da própria pesquisa, da análise do objeto, do acesso e do manejo das fontes e referências; mas também dificuldades “externas”, como questões econômicas e de financiamento, questões institucionais, de contexto histórico-social e de vida familiar e pessoal. Afinal, o mundo não para e não espera para que possamos escrever em paz.
No meu caso, na etapa final da escrita da minha tese, eu tinha que conciliar a falta de dinheiro (o fim da minha bolsa de estudos me obrigou a trabalhar como garçom em um bar, todas as noites) com os cuidados diários com a minha mãe, que possui uma doença degenerativa e usa cadeira de rodas, e também com o contexto político complexo e explosivo que o Brasil vivia em meados de 2016. Enquanto eu precisava focar e ficar horas trabalhando em casa ou em alguma biblioteca, as ruas ferviam em manifestações contra e a favor do golpe parlamentar que a presidenta Dilma Rousseff sofreu, sendo vergonhosamente deposta pelo Congresso Nacional em agosto daquele ano. Como se concentrar e escrever academicamente sobre artistas cover e performance, enquanto o teu país vive um de seus momentos políticos mais dramáticos e transformadores das últimas décadas? Lembrando que eu morava em Curitiba, uma das capitais mais conservadoras e de direita do país e que, por isso mesmo, foi palco de intensas disputas e repressões políticas e judiciais.
Sim, escrever é difícil. A escrita acadêmica é uma tarefa exigente, vagarosa e, na maior parte das vezes, solitária. E é difícil estar só. Os pensamentos e as palavras que antes pareciam tão vivos, agora parecem se embaralhar e fugir da mente e do papel, as palavras parecem resistir à fixidez da escrita e da publicação da escrita. Soma-se a isso o poder paralisante que o excesso de expectativa (institucional, profissional, social, pessoal, familiar) pode exercer na pessoa quem tem a obrigação de escrever.
E como superar tudo isso? De maneira geral, eu não sei. Mas suspeito que três palavras são importantes nesse processo: contexto, disciplina e paixão. Contexto no sentido de que é necessário compreender e adaptar-se ao contexto geral e particular no qual se escreve (em que lugar, em que momento, em quais circunstâncias, com quais recursos, com quais redes de apoio, com quais possibilidades e impossibilidades). Disciplina no sentido de que é importante estabelecer e, principalmente, cumprir uma rotina realista de trabalho, levando em consideração o contexto, mas sem sucumbir a ele. Escrever é um exercício e, como todo exercício (como a prática corporal e esportiva, por exemplo), exige foco, constância, persistência, e coragem. E paixão – de novo, a paixão – no sentido de que é preciso apaixonar-se ou reapaixonar-se pelo objeto de estudo, pela tarefa, pelo trabalho. E também, apaixonar-se pelas palavras. Escrever é estar cercado pelas palavras, é decidir quais palavras usar, é compor uma frase e um parágrafo com palavras, assim como um músico compõe com sons, como um ator compõe com seu corpo e sua voz, como um pintor compõe com cores e superfícies. Um texto é como uma escultura, é plástico e maleável. E se a escrita exige que fiquemos tanto tempo na companhia do objeto de estudo e das palavras que o rodeiam, então a paixão é um combustível precioso para se possamos potencializar e vivenciar esse tempo de forma mais eficaz e prazerosa.
Escrever tem seus mistérios. Sempre há algo que escapa. É preciso, então, aceitar os mistérios da palavra e dançar com elas. Gosto de falar para meus alunos que escrever, que criar e escrever teoria é como encantar as palavras. Encantar no sentido de encantamento, como apresentado pelos historiadores brasileiros Luiz Rufino e Luiz Antonio Simas. Como o encantador de serpentes que estabelece uma dança e uma disputa quase mágica com a cobra que pode atacá-lo e matá-lo, e a exibe para seu público. Mas ali não há magia: o que há é conhecimento, técnica, cumplicidade, comprometimento e paixão. Há o encantamento dos corpos, dos fazeres e das relações vitais entre eles. As palavras, os dados e os conceitos são as nossas serpentes. Devemos, então, encantá-los e compartilhá-los com nossos leitores e interlocutores.
5) O que fazer depois do Doutorado?
No meu caso, eu tive a sorte de ser contratado como professor temporário (por 1 ano) pela universidade e no curso onde fiz minha graduação, a Universidade Estadual do Paraná. Logo após esse período, consegui ser aprovado nas provas para ser professor efetivo da Universidade Federal do Rio Grande do Sul, onde estou até hoje. E, nessa universidade, retomei e reconfigurei as minhas pesquisas, de acordo com as demandas e possibilidades daquela instituição. Três anos após a conclusão do meu doutorado, em 2019, transformei a minha tese em livro, fiz um empréstimo no banco e financiei a publicação por uma editora acadêmica independente. Também publiquei artigos com trechos da tese em revistas científicas no Brasil, no México, na França e na Argentina (na Revista Territorio Teatral, da Universidad Nacional de las Artes – UNA).
Em outras palavras, depois do doutorado vem a vida real. Isso pode significar dar aulas (na universidade ou em escolas) ou trabalhar em outra área que pague melhores salários. Isso pode significar continuar e aprofundar os temas da mesma pesquisa, ou abrir-se para novos horizontes e iniciar novas pesquisas. O fundamental é não ficar parado, esperando que algo aconteça. Porque o mundo não para e não espera. O fundamental, portanto, é manter-se apaixonado, pelo mundo, pela natureza, pela sociedade, pelas pessoas, pela arte, pela vida. Afinal, o que a gente quer é viver.
Muito obrigado!
Qorpo Qrítico – vol. 7, n. 18 – abril a julho de 2025. ISSN 2675-4207
