Por Leonardo Granato (ODELA)

En respuesta a los impactos económico-sociales regresivos que el neoliberalismo dejó en las formaciones sociales dependientes de Sudamérica, especialmente a partir de su vigencia durante los años ‘90, los nuevos gobiernos de izquierda y centroizquierda de los años 2000 buscaron implementar agendas reformistas (no confrontativas) del orden capitalista neoliberal hegemónico. Pese a esta no confrontación (y no discusión de un modelo “alternativo” al de “centros” de acumulación del capital financiero internacional), el capitalismo neoliberal en estos sures se ha mostrado, en los últimos tiempos, poco tolerante con relación a ciertas conquistas derivadas de la lucha social desplegada durante el período de la llamada “marea rosa”. Con burguesías que no están dispuestas a confrontar con el imperialismo, países como Paraguay y Brasil tuvieron depuestos sus primeros mandatarios Fernando Lugo y Dilma Rousseff, respectivamente, y otros como Argentina, Chile, Ecuador y Perú, vivenciaron una restauración neoliberal conservadora por la vía electoral. Pese a los movimientos de resistencia social a esta “marea azul” en la región de los últimos años, identificada por algunos sectores como el “fin del populismo”, es posible observar que inclusive las propias fuerzas sociales progresistas están mucho más alineadas con estrategias de reforma do capitalismo neoliberal que con verdaderos proyectos contrahegemónicos o revolucionarios. 

Mientras que en Paraguay y en Brasil Mario Abdo Benítez y Jair Bolsonaro enfrentan, no sin resistencia, los desafíos de una ampliación y consolidación de la agenda neoliberal, en Argentina, después de doce años de gobiernos kirchneristas, los resultados de la gestión de Mauricio Macri no ayudaron al empresario en la disputa electoral con Alberto Fernández y Cristina Kirchner, ahora vicepresidenta electa. Con una economía en recesión desde el segundo trimestre de 2018, inflación alta, y crecimiento de la pobreza, el margen de maniobra de Macri para neutralizar al peronismo fue reduciéndose drásticamente, dándose lugar a un posible nuevo ciclo reformista en la Argentina conducido por Fernández. El caso de Chile, liderado por el empresario Sebastián Piñera, en que la mayor parte del país estuvo en los últimos días en estado de excepción (en virtud de la revuelta popular contra el orden vigente postdictadura), encarna las limitaciones de un modelo de neoliberalismo real sostenido por los aparatos represivos de Estado. Descartando la revolución como alternativa, amplios sectores progresistas defienden la instauración de un nuevo proceso constituyente en Chile, que no estará exento, probablemente, de futuros rebrotes parciales de disturbio y protesta masiva.

Ecuador fue otro país de la región que enfrentó recientemente revueltas populares en virtud de la profundización de programa neoliberal del gobierno de Lenín Moreno, que asumió en 2017 tras una ruptura con su antecesor Rafael Correa. Ante la escalada de protestas recientes por la retirada del subsidio estatal a los combustibles, Moreno decidió trasladar la sede del gobierno en Quito a Guayaquil, implementando una amplia defensa de su programa de gestión que contó con el respaldo de las Fuerzas Armadas. También en las últimas semanas, la defensa y expansión del modelo hegemónico neoliberal también se hizo presente en Perú, cuando su presidente, Martin Vizcarra (quien asumió el cargo tras aceptarse la dimisión de su antecesor, el tecnócrata y ex funcionario del FMI Pedro Kuczynski, de cuyo gobierno había sido primer vicepresidente), anunció el 30 de setiembre del corriente la disolución del Congreso. Esta medida encontraría fundamento en un conflicto entre los poderes Ejecutivo y Legislativo del Estado peruano referente a la implementación de un programa proempresarial neoliberal en el país.

También con relación al “terremoto” andino, en medio de una huelga y protestas sociales contra un supuestamente controvertido triunfo electoral en primera vuelta, el presidente boliviano Evo Morales viene denunciando un escenario de conspiración por parte de sus adversarios representados por su principal contrincante, el expresidente Carlos Mesa. Todavía el escenario sigue abierto tanto para Bolivia así como para los otros países aquí mencionados, que se debaten entre la consolidación de la hegemonía de la derecha y el impulso de programas más o menos reformistas (o de resistencia) pero que, en definitiva, con sus matices, complejidades y contradicciones, parecen no colocar en cuestión la continuidad del ciclo ideológico neoliberal contemporáneo. 

Porto Alegre, 28 de outubro de 2019.