La UFRGS también habla español

Universidad | Además de la calidad académica de las instituciones brasileras, la oferta de becas incentiva a extranjeros a migrar a Brasil para estudiar

*Foto: Ana María Bermúdez Alfaro, originaria de Bogotá, Colombia, está terminando su doctorado en el Programa de Posgrado en Educación de la FACED/UFRGS (Foto: Flávio Dutra/JU)

Ana Bermúdez, natural de Bogotá (Colombia), espera sentada en una mesa larga en el Restaurante Universitario 2 del Campus de Salud de la UFRGS. Es la 1.00 p. m. y, entre risas, conversa en español con Andrés, Sergio, Daniela, Martin y Galileo, todos colombianos. Cubiertos, platos y múltiples sonidos inundan el ambiente. Tatiana, sonriente, se aproxima de ellos, y con un acento propio de su natal Medellín (Colombia), les saluda y se une al ritual diario del almuerzo latino.

A la misma hora, en el RU1 de la UFRGS, Valentina, natural de Bogotá (Colombia), le escribe al peruano Miguel, indicando que acaba de sentarse en la mesa de la izquierda, al lado del ventilador. Miguel llega al lugar minutos después, acompañado de la colombiana Dhamelis, y se sientan al lado de Valentina. Valentina conoció a Miguel y a Dhamelis hace un año. Escuchaba música en sus audífonos cuando dos acentos en español quebraron su silencio. Se quitó los audífonos y se animó a preguntar: ¿ustedes también hablan español?

En múltiples lugares de la UFRGS, el español es la lengua oficial para desprenderse del peso de la rutina en una segunda lengua y poder reírse grupalmente. Recordar sabores propios de sus países, músicas que casi no aparecen en Spotify Brasil, o memes que solo pueden ser entendidos en español, pasan entre grupos de WhatsApp de la comunidad latina. Estos pequeños rituales cotidianos son un refugio colectivo en el cual los estudiantes extranjeros de América Latina encuentran un espacio para, finalmente, poder hablar con alguien que entiende su lengua materna y sentirse, un poco más, en casa.

Una comparación regional

Datos del Observatorio Iberoamericano de la Ciencia, la Tecnología y la Sociedad (2025) muestran que el ingreso al sistema universitario en América Latina mantiene una tendencia al alza (2013-2022) con 8 812 985 estudiantes en la región. Sin embargo, los estudiantes internacionales representan una pequeña proporción. Con datos de 2022, Paraguay es el país que concentra un mayor porcentaje de estudiantes extranjeros (4,4%), seguido de Argentina (3,3%); mientras Brasil es el décimo en la lista con 0,3% de estudiantes nacidos en otros países.

De igual forma, existe una diferencia clara entre quienes migran para hacer estudios de grado y quienes lo hacen para cursos de posgrado o especializaciones. Más del 80% de estudiantes extranjeros que migran a Brasil, Paraguay o Uruguay se ubican en el primer grupo. En esa línea, aproximadamente 440 000 estudiantes latinoamericanos dejaron sus países de origen para estudiar en el extranjero: Brasil muestra una mayor migración de ese tipo, con 87 000 personas estudiando en otro país, seguido de Colombia (61 000) y Perú (41 000).

Más allá de las cifras, la mirada sobre el Brasil como un destino educativo se fundamenta en dos elementos centrales: por un lado, la calidad académica de sus programas (pregrado y posgrado), así como la formación de sus profesores; y por otro lado, la posibilidad de poder obtener becas que permitan sustentarse en este país.

Importa destacar que, en términos de calidad académica, Brasil tiene 7 de las 10 mejores universidades latinoamericanas, según Times Higher Education (2024), y también cuenta con el 32% del total (214) de instituciones universitarias. Dentro de las mejores, por ejemplo, está en la séptima posición la UFRGS.

Según comenta Shirley Tatiana Peña Aymara, quechua-peruana y doctora en Derechos Humanos y Ciudadanía por la Universidad de Brasilia (UnB), para muchos latinoamericanos, el Brasil ofrece “acceso a la educación de posgrado de manera gratuita, pública y de calidad en cualquier programa y área de conocimiento”; lo cual se torna valioso en comparación con los otros países de la región. En el caso peruano, por ejemplo, “el posgrado se paga y existen barreras burocráticas para tener una formación en ese nivel. En cambio, en Brasil el acceso es más democrático y existen muchas opciones e incentivos para la vida académica, como las becas de estudio”.

Una situación similar ocurre en países como Colombia, Venezuela, Paraguay, Bolivia, entre otros en la región. En muchos casos, la educación de posgrado no es totalmente pública ni gratuita. Además, las becas de estudio son pocas y limitadas a algunas áreas académicas — como las Ciencias Exactas — o incluso inexistentes.

En el caso brasilero, las becas de estudio disponibles para extranjeros incluyen las brindadas por instituciones gubernamentales como CAPES, agencias de cooperación regionales como la Fundação de Amparo à Pesquisa do Estado do Rio Grande do Sul (FAPERGS) o la Fundaçao Araucaria. También hay convoactorias internacionales, como las que organizaba hasta el 2024 la Organización de Estados Americanos (OEA) y actualmente promovida por el Grupo de Cooperação Internacional de Universidades Brasileiras (GCUB).

Fue la beca de OEA la que permitió que Raif Nasre, natural de Mérida (Venezuela), llegase a Porto Alegre en 2021 para cursar el doctorado en Endocrinología en la UFRGS, un programa que, en su país de origen, no garantizaba la misma calidad académica. Una situación similar vivó Karen Molina, natural de Quito (Ecuador), quien obtuvo la misma beca en el mismo año para estudiar la maestría en Ciencias del Movimiento Humano en la UFRGS. Este programa, en su país natal, costaría aproximadamente entre 6 000 y 14 000 dólares (32 000 — 75 000 reales).

Más allá de las ventajas que la educación brasilera ofrece en términos educativos para los estudiantes extranjeros, el proceso de integración a otra cultura y otro idioma también carga consigo grandes desafíos y esperanzas, aunque también de extrañamientos, dudas y soledad. Solo en la UFRGS, datos de la Secretaria de Relaciones Internacionales (RELINTER) de 2024 muestran que 92 estudiantes extranjeros fueron recibidos por acuerdos bilaterales para diversos programas de movilidad.

Investigando la relación entre las variantes genéticas relacionadas con el zinc y la diabetes tipo 1, el venezolano Raif Nasre Nasser es estudiante del Programa del Posgrado en Ciencias Médicas – Endocrinología en la Facultad de Medicina de la UFRGS (Foto: Flávio Dutra/JU)
Experiencias en clases

Natural de Santa Marta (Colombia), la maestrante en Salud del Niño y del Adolescente Dhamelis Anaya tuvo tres meses de clases de portugués antes de venir a estudiar a Brasil con beca de la OEA/GCUB. Sin embargo, el contacto con sus colegas le mostró que todavía debía mejorar la pronunciación y la escritura.

Durante su trabajo de investigación en el Hospital de Clínicas, fue descubriendo que el idioma era una barrera para acercarse a los funcionarios y entender los mecanismos propios del sistema de salud local. Después de presentarse, muchas veces recibía como respuesta: “tranquila, yo entiendo español”. Sin embrago, el reto era justamente hablar la lengua de los otros, incluso con los errores de un segundo idioma.

Con el tiempo, consiguió memorizar cada palabra y frase de su proyecto en portugués, de forma que nadie se quede con dudas de lo que ella quería investigar. No percibió su dominió del idioma hasta el el momento en el cual necesitó conversar con una paciente venezolana y las palabras en su lengua materna no aparecían en su mente. Necesito, entonces, recurrir al “portuñol”.

Sofía Vizcarra Castillo, nacida en Lima (Peru) y profesora del Departamento de Ciencia Política de la UFRGS, comenta que su experiencia en Brasil ha sido tranquila en relación con el idioma; sin embargo, siempre existen comentarios sobre su pronunciación: “Con profesores más senior, a veces te corrigen, es normal en ese sentido. A veces te dicen cosas que parecen acogedoras, como que tu acento en portugués es muy bueno a pesar de no ser de aquí. Te hacen sentir que de alguna forma no perteneces, pero no da para generalizar”.

Vizcarra resalta que, en el cotidiano, los migrantes están comparando lo que ocurre en Brasil con lo que está viviéndose en sus países, incluso de forma histórica. “No para decir que uno es mejor, sino para entender que existen diferentes dinámicas, que justamente hay cosas que funcionan en Brasil, y que faltan en Perú; o al contrario”.

Aquí se habla español

Infelizmente, las experiencias de algunos estudiantes hispanohablantes también reflejan el racismo y la xenofobia de la sociedad. Muchas veces, comentarios sobre el acento de la persona, sobre su cabello o incluso prohibiéndole de hablar su lengua materna muestran justamente las dificultades del proceso de integración.

Por eso, cada espacio en el que todavía se habla español, desde las conversaciones informales en los pasadizos hasta los encuentros en el bus, y los propios almuerzos en el Restaurante Universitario, continúa siendo un espacio cálido y afectivo. Como destaca Ana Bermúdez, el español es la lengua “como habla mi corazón”. En ese sentido, cada palabra compartida mezcla las emociones propias de los abrazos del hogar y de la lengua materna.

Enfermera, Tatiana Duque Caragena tiene una maestría en Medicina y Ciencias de la Salud y actualmente cursa un doctorado en Epidemiología centrado en enfermedades crónicas no transmisibles, específicamente diabetes (Foto: Flávio Dutra/JU)

:: Leia em português
A UFRGS também fala español